volver


 



ADOLESCENTES Y SERIES TELEVISIVAS
Juan Simarro Fernández



 

Ya pasó el tiempo en que los niños o adolescentes se sentaban con los padres junto a la hoguera para que éstos les contaran historias o cuentos viagra. Peor aún, el diálogo entre padres e hijos cada vez se da menos cialis. Se sientan a la mesa viendo la televisión mientras comen o cenan, pero poco es el espacio que les queda a los padres para aprovechar esta oportunidad para hablar con ellos sobre los estudios o la vida en general generic cialis. Los adolescentes y jóvenes suelen elegir los programas viagra. Los padres lo suelen aceptar resignadamente cialis.

Lo cierto es que los adolescentes ven la tele entre 20 y 30 horas cada semana y, entre los españoles en general, se da la cifra de unas cuatro horas diarias sentados ante el televisor. Hay series en las que casi todos los jóvenes o adolescentes de España se enganchan a ellas. Series como Compañeros la llegan a ver más del 80% de los jóvenes.

No es éste un tema que debe captar la atención de los cristianos? ¿Hay alguna posibilidad de respuesta, de influencia o de consejo que se pueda dar desde los sectores cristianos? ¿Cómo puede competir una Escuela Dominical de una hora a la semana con las veinticinco horas de la escuela televisiva? ¿Incide la influencia de la familia?

No vamos aquí a "demonizar" a la televisión. No obstante, el tratamiento de los temas en estas series nunca va a ser profundo y simplemente va a tratar de reflejar aspectos de la realidad que se está viviendo en la calle o en la escuela, sin realmente preocuparse de emitir otra serie de reflexiones o juicios de valor que puedan ayudar a los adolescentes a ponerse delante de la televisión de una forma no exclusivamente receptiva y pasiva.

Y este es el gran problema: la recepción pasiva ante un mostrar la realidad de una forma superficial, light y que no entra en un estudio con detalle de esta realidad. Se habla de que la televisión debe tener una triple función: formar, informar y entretener, pero realmente lucha por otra función no tan reconocida: conseguir el mayor número posible de televidentes y esto no lo consigue basándose en información o con programas de formación o de reflexión, sino llevando un divertimento que enganche a los adolescentes en este caso concreto que estamos tratando. Los porcentajes de audiencia son los que mandan. Lo importante es que el control de audiencia me indique que son muchos los que se conectan. Poco importa que la recepción sea pasiva, que se dé una visión superficial, parcial o aislada de contextos. Poco importa que el adolescente adopte pautas de conducta imitativas dentro de una confusión mental de la que nadie le ayuda a salir.
El gran problema:
la recepción pasiva ante un mostrar la realidad de una forma superficial, light y que no entra en un estudio con detalle de esta realidad.


Así, el mensaje serio y reflexivo no llega a los adolescentes. La imagen, el color, la música o el grito, crea sensaciones y emociones que se ponen por encima del mensaje. El adolescente, inconscientemente, imita sin reflexionar: la delgadez de los protagonistas femeninos, la violencia y el ansia de aventura irracional de muchos de los personajes masculinos y otras actitudes ante la vida. Se captan, sin reflexionar ni asumir consciente y responsablemente, una serie de modelos y pautas dentro de las tramas emocionales y sentimentales de unos personajes que no se les debería imitar tanto en la vida real. Tampoco es posible esta imitación total. De ahí que surjan sentimientos de impotencia, de sentirse mal con su cuerpo, con su escuela o con su familia.

Ante temas tan importantes los cristianos deberían tomar partido, ofrecer nuevos modelos e incidir en la educación de los adolescentes con otras alternativas de tiempo libre, de valores bíblicos, aunque estén en choque cultural con los valores televisivos, y una ayuda para que aprendan a usar el tiempo que se dedica a cada cosa para que puedan trazar una línea de vida reflexionada y asumida conscientemente.

 

 


Juan Simarro Fernández es licenciado en Filosofía y Letras, escritor, y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid


© 2001 Juan Simarro Fernández
© 2001 I+CP, Madrid, España