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Ya pasó el tiempo en que los niños
o adolescentes se sentaban con los padres junto a la hoguera para
que éstos les contaran historias o cuentos viagra. Peor aún,
el diálogo entre padres e hijos cada vez se da menos cialis. Se
sientan a la mesa viendo la televisión mientras comen o cenan,
pero poco es el espacio que les queda a los padres para aprovechar
esta oportunidad para hablar con ellos sobre los estudios o la vida
en general generic cialis. Los adolescentes y jóvenes suelen elegir los
programas viagra. Los padres lo suelen aceptar resignadamente cialis.
Lo cierto es que los adolescentes ven la tele entre 20 y 30 horas
cada semana y, entre los españoles en general, se da la cifra
de unas cuatro horas diarias sentados ante el televisor. Hay series
en las que casi todos los jóvenes o adolescentes de España
se enganchan a ellas. Series como Compañeros la llegan a
ver más del 80% de los jóvenes.
No es éste un tema que debe captar la atención de
los cristianos? ¿Hay alguna posibilidad de respuesta, de
influencia o de consejo que se pueda dar desde los sectores cristianos?
¿Cómo puede competir una Escuela Dominical de una
hora a la semana con las veinticinco horas de la escuela televisiva?
¿Incide la influencia de la familia?
No vamos aquí a "demonizar" a la televisión.
No obstante, el tratamiento de los temas en estas series nunca va
a ser profundo y simplemente va a tratar de reflejar aspectos de
la realidad que se está viviendo en la calle o en la escuela,
sin realmente preocuparse de emitir otra serie de reflexiones o
juicios de valor que puedan ayudar a los adolescentes a ponerse
delante de la televisión de una forma no exclusivamente receptiva
y pasiva.
| Y este es el gran problema: la
recepción pasiva ante un mostrar la realidad de una forma
superficial, light y que no entra en un estudio con detalle
de esta realidad. Se habla de que la televisión debe
tener una triple función: formar, informar y entretener,
pero realmente lucha por otra función no tan reconocida:
conseguir el mayor número posible de televidentes y esto
no lo consigue basándose en información o con
programas de formación o de reflexión, sino llevando
un divertimento que enganche a los adolescentes en este caso
concreto que estamos tratando. Los porcentajes de audiencia
son los que mandan. Lo importante es que el control de audiencia
me indique que son muchos los que se conectan. Poco importa
que la recepción sea pasiva, que se dé una visión
superficial, parcial o aislada de contextos. Poco importa que
el adolescente adopte pautas de conducta imitativas dentro de
una confusión mental de la que nadie le ayuda a salir. |
El
gran problema:
la recepción pasiva ante un mostrar la realidad de
una forma superficial, light y que no entra en un estudio
con detalle de esta realidad.
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Así, el mensaje serio y reflexivo no llega a los adolescentes.
La imagen, el color, la música o el grito, crea sensaciones
y emociones que se ponen por encima del mensaje. El adolescente,
inconscientemente, imita sin reflexionar: la delgadez de los protagonistas
femeninos, la violencia y el ansia de aventura irracional de muchos
de los personajes masculinos y otras actitudes ante la vida. Se
captan, sin reflexionar ni asumir consciente y responsablemente,
una serie de modelos y pautas dentro de las tramas emocionales y
sentimentales de unos personajes que no se les debería imitar
tanto en la vida real. Tampoco es posible esta imitación
total. De ahí que surjan sentimientos de impotencia, de sentirse
mal con su cuerpo, con su escuela o con su familia.
Ante temas tan importantes los cristianos deberían tomar
partido, ofrecer nuevos modelos e incidir en la educación
de los adolescentes con otras alternativas de tiempo libre, de valores
bíblicos, aunque estén en choque cultural con los
valores televisivos, y una ayuda para que aprendan a usar el tiempo
que se dedica a cada cosa para que puedan trazar una línea
de vida reflexionada y asumida conscientemente.
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Juan Simarro Fernández es licenciado
en Filosofía y Letras, escritor, y director de Misión
Evangélica Urbana de Madrid
© 2001 Juan Simarro Fernández
© 2001 I+CP, Madrid, España
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