HEMEROTECA
1/6/2001



 

 

LA RENOVACIÓN DEL LIDERAZGO

 

 

La renovación del líder cristiano está preocupando hondamente en todos los círculos del protestantismo español. Se trata de una crisis que afecta por igual a todas las denominaciones evangélicas y a todas las religiones, especialmenté a la católica. El catolicismo español está presenciando el envejecimiento de su clero y la ausencia de sangre renovadora. En el mundo de la política ocurre otro tanto inderal. Hay políticos, pero no estadistas, no hay líderes con visión que empuñen las riendas de un mundo enloquecido flagyl er.

Un borracho como Yeltsin y un mujeriego embustero como Clinton se han repartido el liderazgo político del mundo. En Europa las cosas no son mejores. El enanismo mental de los líderes en los países del Este, dominados hasta no hace mucho por los soviéticos, está conduciendo a enfrentamientos internos, guerras civiles, particiones geográficas, calamidades sociales. El panorama en la Europa occidental es sangrante. Francia experimentó una tremenda soledad a nivel nacional cuando murió Mitterrand. Alemania no ha tenido un digno sucesor tras la desaparación de Helmut Kohl. Los políticos ingleses van de un escándalo heterosexual a otro homosexual. Italia lleva años desangrándose por la escasa visión y exceso de corrupción de sus líderes. España está gobernada por políticos mediocres. No ha surgido un político de la talla de Felipe González.

Las autonomías españolas se rigen por políticos ambiciosos, estigmatizados, sin capacidad alguna de liderazgo. Y no hay otros. "No quiero ni pensar en el día que haya que sustituir a Fraga en Galicia", han dicho líderes del PP.

A niveles nuestros, del pueblo evangélico, el problema tiene otras dimensiones. Un partido político, una empresa, un equipo de fútbol, pueden pensar en la renovación de sus líderes, porque dedican millones a preparar a los sucesores. Nosotros, no. Es preciso tener en cuenta esta verdad fundamental, inviolable. El líder cristiano no es un hombre especialmente preparado por la fábrica humana para que un día pueda figurar al frente de algo. Los hay con estas condiciones, pero los tales no son líderes, son muñecos mecánicos que obedecen al dictado y realizan la que se espera de ellos.

El líder cristiano es un hombre que ha recibido de Dios uno o varios dones. Al desarrollarlos ha destacado sobre otros y se le han encomendado tareas especiales que le han catapultado a situaciones de liderazgo. Nada más. A este hombre no se le puede renovar. Es del todo imposible decirle que deje a otro el lugar que ocupa. Si la consintiera estaría traicionando su propia vocación, que ha de mantener hasta el día que muera, independientemente de la edad.

El líder cristiano ha de surgir de Dios. Si lo preparan en una fábrica de pastores y no tiene otras credenciales más que el diploma enmarcado o los títulos de la Universidad de turno, mejor será que se dedique a panadero o a repartidor de leche. No aguantará en el ministerio. Y si resiste largos años, no ejercerá nunca un liderazgo destacado. Eliseo heredó el manto de Elías, pero a la muerte de Eliseo el manto desapareció. Los profetas que llegaron tras él tuvieron que agenciarse sus propios mantos. La renovación del líder cristiano es necesaria, naturalmente. Cada generación debe servir a sus semejantes. Sobre esto no hay duda alguna. Está muy claro en la Biblia. Como también está claro que la renovación ha de hacerla Dios mismo, poniendo a cada cual en su lugar; no personas ambiciosas, sólo preocupadas por los cargos - cosa muy diferente al liderazgo- sin reunir las acreditaciones divinas imprescindibles.

El líder cristiano
ha de surgir
de Dios.

Si lo preparan en una fábrica de pastores y no tiene otras credenciales más que el diploma
enmarcado

Juan Antonio Monroy es conferenciante,
escritor y director de Alternativa 2000




© J. A. Monroy
© I+CP, 2001, Madrid