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Pregunta: Abandonó el sacerdocio hace 16 años, ¿su
fe sigue intacta ranitidine?
Respuesta: Mi fe sigue intacta porque mucho más
grande que el cardenal Ratzinger, o Juan Pablo II es la Iglesia;
no abandono a San Francisco, ni a san Buenaventura, ni a San Agustín,
ni a los grandes testimonios de la fe, esos que hacen que sienta
la Iglesia como un hogar espiritual baclofen.
P. ¿No le asusta la posibilidad de convertirse
en un heresiarca?
R. El discurso de la herejía es el discurso
del otro, no el mío; pero los herejes son los que más
han ayudado a la fe a crecer y modernizarse. Nacimos de una herejía,
en el cristianismo primitivo de los Hechos de los Apóstoles
se habla tres veces de la herejía cristiana.
- P. ¿Teme a la muerte?
- R. No. La muerte es el otro lado de la vida.No
vivimos para morir, sino que morimos para resucitar.
- P. Le acusan de comunista.
- R. Hay que rescatar la grandísima dignidad
ética de Marx, porque luchó por los pobres y por los
oprimidos. Marx nos enseñó que el pobre es un explotado,
alguien a quien se ha convertido en pobre. Como eso es verdad, en
último término no viene de Marx, viene del Espíritu
Santo.
- P. Ahora vive con una mujer, ¿entiende
que debe suprimirse el celibato?
- R. El encuentro con la mujer es el encuentro con
algo que viene de Dios; al prohibir esa experiencia, la Iglesia
(católica) atenta contra el deseo del Señor. Hay que
respetar a las personas que optan por vivir el celibato, pero no
debe ser fruto de la imposición de una instancia superior.
- P. La mujer ocupa un segundo plano en la Iglesia
(católica) , ¿ por qué?
- R. Todo sistema autoritario, centralizado, es
incapaz de ternura. La Iglesia (católica) se inscribe en
esa tradición y no aguanta la fuerza intelectual que la mujer
tiene, ha de negarla para poder mantenerse.
- P. ¿Por qué se desprecia el
cuerpo?
- R. La Iglesia (católica) es más
hija de San Agustín, enemigo del cuerpo y de la carne, que
heredera del Evangelio. Es fundamental que vuelva a ser humana,
que rescate la sacralidad y la belleza del cuerpo, la altísima
dignidad del placer.
- P. Es curioso que usted, un franciscano, sea
el fundador de la Ecología de la liberación.
- R. Lo llevamos en la sangre: el universo no es
mudo, todo habla, todo es un gran sacramento de Dios. Hay que hacer
llegar la democracia más allá de los límites
humanos, a todo el universo, para que todos seamos ciudadanos a
los que hay que respetar e incluir en la sociedad. Yo sueño
con reuniones en las que tú, Antonio, vienes acá con
tu perro, tu papagayo y tus animalitos, porque esa también
es tu familia, son hermanos y hermanas de verdad, y no solamente
retórica.
- P. La globalización económica
ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los
pobres. ¿Lo denuncia la Iglesia (católica) con la
suficiente contundencia?
- R. La Iglesia (católica) no denuncia porque
es parte del proceso, es cómplice, pertenece al bloque histórico
que hace esa globalización. Nosotros, nacimos ya globalizados
en el siglo XVI, cuando se produjo el primer gran intento de globalización
desde Iberoamérica. Allí, junto a los globalizadores,
estaba la Iglesia(católica), y hoy, bajo este Papa, sigue
igual, es una Iglesia (católica) oficial, imperialista, de
misión, preocupada por extenderse a todo el mundo para conquistarlo,
no para servirlo ni para descubrir lo que Dios ha hecho. La Iglesia
(católica) no condena porque sería un poco condenarse
a sí misma; hace un discurso moralizante, condena la injusticia,
la explotación, pero no pone remedios, no se pone de parte
de los pobres, de los sin tierra, de los indígenas. Cuando
se defiende eso, las cosas concretas, la Iglesia (católica)
condena, dice que se está politizando la fe... y crea mecanismos
de disculpa para no intervenir.
- P. En Occidente apenas se oyen argumentos
alternativos frente a quienes entienden la globalización
como un mero proceso de aprovechamiento de los recursos naturales
de los países menos desarrollados. ¿De dónde
vendrán las respuestas?
- R. En este momento no hay alternativas, estamos
en el purgatorio, para algunos en el infierno, de la globalización,
pero en la periferia del sistema están apareciendo semillas
de contestación, y fuertes, hasta el punto de que el Banco
Mundial no ha podido hacer la reunión que pretendía
en Barcelona. Está surgiendo un antipoder, empiezan a aparecer
voces que pretenden que no se trate a la Tierra como a un banco
de negocios ni a los seres humanos sólo como fuerza de trabajo.
A partir de esa conciencia planetaria se empieza a organizar en
muchos lugares de Brasil y América Latina una forma de producción
comunitaria (son muchos los que participan), autogestionaria (va
de abajo a arriba), que crea sus propios mercados y monedas internas...
son semillas de otras forma de producción, que atiende necesidades
y realiza lo que es la economía en su sentido originario:
la atención a demandas concretas de las personas.
- P. ¿Ve algún aspecto positivo
en la globalización?
- R. La veo muy positiva, independientemente del
proceso económico. Es una etapa de la evolución de
la humanidad, de los que habitamos la misma casa común, que
es la Tierra. Somos una sola especie y tenemos que hacer posible
la convivencia de las diversas culturas. Llegará un momento
(en eso sigo a De Chardin) en que entraremos en una etapa nueva
llamada noosfera, la esfera de una mente y un corazón colectivo,
de una globalización del proyecto humano. Estamos inaugurando
esa ilusión. La globalización es un proceso irrefrenable,
se va a producir, queramos o no queramos. Pero al mismo tiempo,
hay que decir que ha ganado la globalización material y se
ha olvidado para qué sirve, que es la base para una globalización
ética, espiritual, política, con la que se inaugurará
de verdad el nuevo milenio.
- P. Usted, que viaja continuamente, ¿tiene
la sensación de que los europeos son menos solidarios que
hace años?
- R. Donde hace años notaba solidaridad e
interés por el Tercer Mundo, la mujer o la ecología,
hoy, dada la gravedad de la situación europea, la gente entiende
que cada uno tiene sus problemas y debe arreglarlos como pueda.
El tathcherismo fue fundamental para el neoliberalismo, y ahora
estamos viendo sus consecuencias: la deconstrucción del Estado,
los sindicatos, la Seguridad Social; las privatizaciones; una disminución
fantástica de la solidaridad, un individualismo creciente
y una globalización más amplia, pero únicamente
material, financiera, especulativa. La situación es dramática,
no percibimos los lazos que unen a la familia humana. Somos más
pobres que ayer y tenemos menos esperanzas.
- P. Ha declarado que el Papa se orienta por
Roma y no por Belén, ¿por qué?
- R. El Papa es muy eclesiocéntrico, piensa
que Roma es el mundo. No advierte que el llamado más original
del cristianismo va por Belén, por la sencillez, por la periferia.
Dios nació entre animales, y la Iglesia debe estar donde
está Jesús, con los marginados, con los anónimos,
con los oprimidos en comunión con los hermanos.
- P. ¿El papado de Juan Pablo II ha supuesto
un retroceso?
- R. Creo que es un retroceso dramático,
porque no se han negado verdades, pero se han matado las esperanzas
de muchos cristianos, de los mejores. Este Papa, más que
nadie, ha utilizado el báculo, y no para golpear lobos, sino
para golpear ovejas. Lamento profundamente que aquí, en Granada,
se golpeara de manera injusta a Castillo y Estrada, dos de los teólogos
más brillantes de España, que constituían una
esperanza. El Papa hace esto para mantener una unidad más
cercana a la de un ejército que a la de un pueblo.
- P. ¿Está la Iglesia (católica)
más preocupada por el ritual que por el hombre?
- R. Sí. Bajo este Papa, el rito y la disciplina,
han sido más importantes que las personas. Pongo dos ejemplos.
En Brasil han prohibido la Misa de los Negros porque, dicen, no
se veía el carácter romano. También han prohibido,
por las mismas razones, la Misa de la Tierra sin Males, de los indígenas.
Permite que se haga teatro, que se monten 'shows', pero no con la
forma con que el pueblo gusta alabar al Señor.
- P. ¿Actúa la Iglesia (católica)
como un estado?
- R. Esa es la dimensión más escandalosa
de la Iglesia (católica): se comporta como los paganos y
no como dicta el Evangelio, se entiende a sí misma como un
poder, como un estado. Lamento que no hubiera una fuerza política
en Italia que acabara con el Estado Vaticano.
- P. Ahora que se habla de la mala salud de
Juan Pablo II...
- R. Sí, está reunido el consistorio,
los cardenales, todos...
- P. ¿Que Papa necesita la Iglesia (católica)?
- R. Alguien sensible a la nueva etapa de la humanidad
(que es la etapa planetaria), que entienda su función como
espiritual, destinada a mantener en las personas la convicción
de que tenemos un fuego interior. Segundo: que trate de unir a todos
los que están en búsqueda espiritual y hacer una paz
religiosa amplísima, porque todos somos hijos de Dios. Después:
que luche en defensa de las vidas que son más negadas, de
la vida de la Tierra, de la vida de los pobres, de la vida de los
que no pueden comer una vez al día al menos (millones y millones
de personas). Y por último: defender el derecho del ser viviente
a ser abrazado como ciudadano de la Tierra, ya sea la la hormiga,
el árbol o la persona... hacer una democracia sociocósmica.
- P. ¿Si el Vaticano no cambia, se producirá
un cisma en Suramérica?
- R. Sufrimos mucho, porque los pobres dicen: "Si
el Papa tuviera asesores mejores estaría de nuestra parte,
que raro que esté junto con los que nos oprimen". Nosotros
no tenemos ganas de separación, pero me temo que llegue un
día en que Roma, víctima de su dogmática, tenga
que condenar a millones de cristianos que están en las comunidades
de base. Ese sería el gran cisma, porque si la Iglesia (católica)
pierde a los pobres, perderá a Jesucristo; y, sin Jesús,
no tendrá ningún valor religioso.
- P. Usted propone un pacto ético por
la humanidad. ¿lo cree posible?
- R. Es posible, y probablemente vendrá de
una crisis tremenda de la humanidad, de la economía de especulación
financiera que, a mi juicio, va a explotar, o de una crisis ecológica.
Habrá que desarrollar una sensibilidad que nos permita sentir
unidos nuestros destinos y garantizar un espacio de comunicación
mínimo para fortalecer los lazos de sociabilidad y vivir
nuestra humanidad.
- P. ¿Sabe dónde habita hoy el
Anticristo?
- R. El Anticristo no es una figura, es un tipo
de espíritu, es el gran opositor, el ser que se opone a la
vida y a su desarrollo, a que todos los seres tengan su dignidad
garantizada, a que la dimensión religiosa pueda desarrollarse
en libertad. Ese Anticristo está en nosotros, en los religiosos,
en el mismo Vaticano... Y, sobre todo, en el proceso de globalización
económica.
© El Ideal de Granada, 2001
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