HEMEROTECA
Especiales




Pedro Tarquis
ENTREVISTA A HUGO HORMAZÁBAL,
del Servicio Evangélico
de Prensa de Chile

 

Estudió periodismo y teología. Es miembro de la Iglesia luterana, y profesor de Comunicación en la Comunidad Teológica Evangélica de Chile. La impresión que da Hugo Hormazábal es la de un hombre joven que aúna el entusiasmo con una sólida formación y carácter cymbalta. No en vano tuvo que sacar su vida adelante tras fallecer su padre cuando el tenía 14 años, teniendo que trabajar y estudiar desde los 18 años para poder sostener su casa y a la vez llevar adelante los estudios paxil. Una garantía para el Servicio Evangélico de Prensa de Chile (SEPCH), que se suma a la aportación de Martin Breitenfeldt (historiador alemán) y Ricardo Tucas (anglicano experto en informática).

Hormazábal es el Editor del SEPCH y uno de sus directivos. Entiende que este trabajo, más que una Agencia de noticias, es un servicio a las iglesias evangélicas chilenas en toda su diversidad "social y teológica", aportando una dimensión de comunicación entre las propias iglesias. Trata a la vez de incidir en los medios de comunicación evangélicos y no evangélicos. Su gran desafío es impactar los medios "seculares", siempre reacios con la Iglesia evangélica "ya que en su mayoría son de propiedad de grupos políticos conservadores, ligados a sectores católicos. "Las noticias evangélicas no interesan, salvo que sean polémicas".



Pregunta.- ¿Cuál es la línea de trabajo de SEPCH?

Respuesta.- Queremos marcar una línea profesional. La buena intención no basta, ya que en el periodismo evangélico tradicional faltan en general temas de interés global. Nosotros queremos, desde una perspectiva netamente evangélica, caminar en la frontera que sirve de encuentro mutuo entre el creyente y la sociedad que le rodea.

P.- ¿Existe libertad religiosa en Chile?

R.- Hace algo más de un año se promulgó la Ley de Culto o ley de libertad religiosa. Por ella las iglesias evangélicas tienen el derecho a un mayor acceso social, como supone el tener capellanías en los hospitales o en las Fuerzas Armadas. Sin embargo en la vida cotidiana sigue existiendo una hegemonía de la Iglesia católica que lleva a una clara discriminación. Por ejemplo, en los colegios públicos sólo se imparte religión católica, aunque existe un 15% del alumnado cuyos padres son evangélicos (incluso en algunos colegios el porcentaje de alumnos evangélicos llega al 50%, sin que sea posible introducir en ellos la enseñanza evangélica).

P.- ¿Ante esta situación, se ha producido alguna reacción por parte evangélica?

R.- Sin duda. Se está produciendo una reacción necesaria y positiva de ser consciente de los propios derechos. Los educadores evangélicos se están organizando y preparándose para afrontar esta situación, incluso existe ya alguna denuncia legal. Nos duele especialmente por los niños, ya que viven y sienten esta discriminación de ser ciudadanos de segunda clase (a veces tratados de forma despectiva por los profesores católicos), sin la posibilidad del adulto de racionalizarlo y encajarlo.

P.- ¿La solución es de tipo político?

R.- Creo que no. Las bases legales están puestas. Lo que falta es que las propias iglesias y los creyentes luchen por lo que la Ley les concede legalmente. La sociedad debe comprender los derechos de los evangélicos. Los mismos evangélicos deben saberlos, para lo que estamos luchando desde SEPCH, ya que a veces los padres no saben reaccionar ante las vejaciones que sus hijos sufren por su fe evangélica, teniendo recursos a su alcance, como pedir ser eximido de religión y que por esta razón no se les trate mal.

P.- Se habla de un crecimiento evangélico espectacular en Latinoamérica. ¿Ocurre así en Chile?

R.- En 1992 las cifras del censo oficial sobre el número de evangélicos chilenos ascendía al 12% de la población. Aunque el próximo censo del país no se realizará hasta el año 2002, en los sondeos actuales se muestra que el porcentaje asciende a un 18%. Esto supone un crecimiento continuo. Pero lo más interesante es que todos los movimientos evangélicos, además del crecimiento cuantitativo, están experimentando una madurez y coordinación a través del COE (Comité de Organización Evangélico), que ha servido para convertirse en el interlocutor reconocido del Gobierno, permitiendo no sólo luchar, sino también aunar esfuerzos.
En 1992 el número de evangélicos chilenos ascendía al 12%, según sondeos actuales asciende al 18%.

 

P.- ¿Puede la Iglesia evangélica asumir este reto que plantea el crecimiento?


R.- La Iglesia evangélica chilena asume esta diversidad, común en todo el mundo, de manera polifacética. Sin embargo, hay datos concretos que avalan una solidez de formación, como es la multiplicación de Seminarios Teológicos. Hace treinta años había un solo Seminario en Chile; mientras que hoy en día se cuentan más de veinticinco. La iglesia evangélica está asumiendo el desafío de prepararse para responder adecuadamente desde la fe no sólo a su propio crecimiento, sino también a los problemas que plantea este mundo globalizado, postmoderno e individualista. Sin embargo, siempre existen movimientos (como los neopentecostales) que a veces escapan a cualquier estructura o visión de formación en las bases de la fe evangélica.

P.- Desgraciadamente a menudo se escucha o lee la palabra "secta" precediendo al adjetivo "evangélica" al hablar de Latinoamérica. ¿pasa esto en Chile?

R.- Va desapareciendo esta imagen de la iglesia evangélica como secta, aunque aún existe intolerancia religiosa en Chile. Una reciente encuesta de un periódico chileno mostraba que nuestro país es más intolerante ahora en materia religiosa que hace 20 años. Quizás por eso, y porque hay quien no nos quiere, a pesar del avance en la imagen ante la sociedad, aún persiste este concepto de la "secta evangélica". Nos preocupa sin quitarnos el sueño.

P.- Entre los evangélicos chilenos y latinoamericanos, ¿hay un cauce fluido de relación?

R.- El mundo evangélico latinoamericano general tiene una gran cultura de encuentro, que se aplica a través de diferentes organizaciones. Siempre se están produciendo convocatorias que cuentan con una gran participación de todos los sectores de las iglesias evangélicas. Incluso los grupos "ecuménicos" y "antiecuménicos", que en el pasado mantuvieron una tensión palpable, ha habido un evidente acercamiento que ha eliminado la dificultad para el diálogo y la participación mutua.

P.- ¿Quiénes serían, en tu opinión, las personas claves en el entorno evangélico de Latinoamérica?

R.- En Chile, sin duda, el obispo Francisco Navalón, Presidente del COE. Navalón es pentecostal, y tiene una gran trayectoria en el país. Sin duda es uno de los evangélicos más reconocido, respetado y relevante. No sólo en el seno de las iglesias evangélicas, sino en todo el país.

P.- ¿Y fuera de Chile?

R.- Israel Batista, Secretario general del CLAI (Consejo Latinoamericano de Iglesias), Batista es un metodista cubano que ha potenciado y logrado un encuentro entre las denominaciones evangélicas más dispares. También René Padilla y Samuel Escobar, como grandes pensadores internacionalmente reconocidos, que no sólo han aportado una gran riqueza de pensamiento, sino que han levantado muy alto el nombre de la Iglesia evangélica latinoamericana. En el pasado ha sido también muy importante el argentino José Miguez Bonino.

P.- ¿Cuál fue la postura de los evangélicos chilenos ante la polémica creada en torno a Pinochet?

R.- No existió una postura uniforme. Durante su gobierno existió una relación de apoyo en un gran sector evangélico, aunque con grupos importantes muy enfrentados a sus violaciones de los derechos humanos, especialmente las iglesias luteranas, presbiterianas y las pentecostales vinculadas al Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Los que lo apoyaron fue debido a que Pinochet favoreció la igualdad entre todas las confesiones, en mi opinión por motivos puramente coyunturales. No es casualidad que el primer Te Deum evangélico chileno se celebrase bajo su gobierno.

P.- ¿Y a partir de los 90?

R.- A partir de los 90, Pinochet dejó de ser relevante en el seno de las iglesias evangélicas. En todo caso, se puede decir que en su conjunto reflejaron la misma respuesta del conjunto de la población, llamada de los "tres tercios": apoyo, indiferencia y condena. Pero siempre sin posturas excesivamente beligerantes en general.

P.- ¿Cuál es la relación con la Iglesia católica chilena?

R.- Tiene una relación bastante buena en lo que es política eclesiástica, especialmente con las iglesias evangélicas que participan del CMI. Sin embargo todo queda ahí, ya que en cada población depende del talante personal de la autoridad católica local, a veces con tensiones evidentes.

P.- ¿Cómo se ve a la España evangélica desde Chile?

R.- Vemos una gran actividad y movimiento. También nos parecen más radicales en su postura frente a la Iglesia católico-romana, que por lo que conocemos se debe al contexto más duro que existe acá, con un catolicismo tan ligado a Trento. A veces viven situaciones más difíciles que en América latina. Yambién me doy cuenta de que hasta ahora existe poca fluidez de comunicación y relación, Quizás sea responsabilidad de los medios de comunicación evangélicos, como son SEPCH e ICPRESS, llegar a formar una red hispanoamericana de comunicación evangélica que rompa las cadenas que han impedido la falta de conocimiento y de apoyo mutuo. Es un desafío que la era digital espero que rompa.

 

 

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