|
Pregunta.- ¿Cuál es la línea
de trabajo de SEPCH?
Respuesta.- Queremos marcar una línea profesional.
La buena intención no basta, ya que en el periodismo evangélico
tradicional faltan en general temas de interés global. Nosotros
queremos, desde una perspectiva netamente evangélica, caminar
en la frontera que sirve de encuentro mutuo entre el creyente y
la sociedad que le rodea.
P.- ¿Existe libertad religiosa en Chile?
R.- Hace algo más de un año se promulgó
la Ley de Culto o ley de libertad religiosa. Por ella las iglesias
evangélicas tienen el derecho a un mayor acceso social, como
supone el tener capellanías en los hospitales o en las Fuerzas
Armadas. Sin embargo en la vida cotidiana sigue existiendo una hegemonía
de la Iglesia católica que lleva a una clara discriminación.
Por ejemplo, en los colegios públicos sólo se imparte
religión católica, aunque existe un 15% del alumnado
cuyos padres son evangélicos (incluso en algunos colegios
el porcentaje de alumnos evangélicos llega al 50%, sin que
sea posible introducir en ellos la enseñanza evangélica).
P.- ¿Ante esta situación, se ha
producido alguna reacción por parte evangélica?
R.- Sin duda. Se está produciendo una reacción
necesaria y positiva de ser consciente de los propios derechos.
Los educadores evangélicos se están organizando y
preparándose para afrontar esta situación, incluso
existe ya alguna denuncia legal. Nos duele especialmente por los
niños, ya que viven y sienten esta discriminación
de ser ciudadanos de segunda clase (a veces tratados de forma despectiva
por los profesores católicos), sin la posibilidad del adulto
de racionalizarlo y encajarlo.
P.- ¿La solución es de tipo político?
R.- Creo que no. Las bases legales están
puestas. Lo que falta es que las propias iglesias y los creyentes
luchen por lo que la Ley les concede legalmente. La sociedad debe
comprender los derechos de los evangélicos. Los mismos evangélicos
deben saberlos, para lo que estamos luchando desde SEPCH, ya que
a veces los padres no saben reaccionar ante las vejaciones que sus
hijos sufren por su fe evangélica, teniendo recursos a su
alcance, como pedir ser eximido de religión y que por esta
razón no se les trate mal.
P.- Se habla de un crecimiento evangélico
espectacular en Latinoamérica. ¿Ocurre así
en Chile?
| R.- En 1992 las cifras del censo
oficial sobre el número de evangélicos chilenos
ascendía al 12% de la población. Aunque el próximo
censo del país no se realizará hasta el año
2002, en los sondeos actuales se muestra que el porcentaje asciende
a un 18%. Esto supone un crecimiento continuo. Pero lo más
interesante es que todos los movimientos evangélicos,
además del crecimiento cuantitativo, están experimentando
una madurez y coordinación a través del COE (Comité
de Organización Evangélico), que ha servido para
convertirse en el interlocutor reconocido del Gobierno, permitiendo
no sólo luchar, sino también aunar esfuerzos. |
En
1992 el número de evangélicos chilenos ascendía
al 12%, según sondeos actuales asciende al 18%.
|
P.- ¿Puede la Iglesia evangélica
asumir este reto que plantea el crecimiento?
R.- La Iglesia evangélica chilena asume esta diversidad,
común en todo el mundo, de manera polifacética. Sin
embargo, hay datos concretos que avalan una solidez de formación,
como es la multiplicación de Seminarios Teológicos.
Hace treinta años había un solo Seminario en Chile;
mientras que hoy en día se cuentan más de veinticinco.
La iglesia evangélica está asumiendo el desafío
de prepararse para responder adecuadamente desde la fe no sólo
a su propio crecimiento, sino también a los problemas que
plantea este mundo globalizado, postmoderno e individualista. Sin
embargo, siempre existen movimientos (como los neopentecostales)
que a veces escapan a cualquier estructura o visión de formación
en las bases de la fe evangélica.
P.- Desgraciadamente a menudo se escucha o lee
la palabra "secta" precediendo al adjetivo "evangélica"
al hablar de Latinoamérica. ¿pasa esto en Chile?
R.- Va desapareciendo esta imagen de la iglesia
evangélica como secta, aunque aún existe intolerancia
religiosa en Chile. Una reciente encuesta de un periódico
chileno mostraba que nuestro país es más intolerante
ahora en materia religiosa que hace 20 años. Quizás
por eso, y porque hay quien no nos quiere, a pesar del avance en
la imagen ante la sociedad, aún persiste este concepto de
la "secta evangélica". Nos preocupa sin quitarnos
el sueño.
P.- Entre los evangélicos chilenos y
latinoamericanos, ¿hay un cauce fluido de relación?
R.- El mundo evangélico latinoamericano general
tiene una gran cultura de encuentro, que se aplica a través
de diferentes organizaciones. Siempre se están produciendo
convocatorias que cuentan con una gran participación de todos
los sectores de las iglesias evangélicas. Incluso los grupos
"ecuménicos" y "antiecuménicos",
que en el pasado mantuvieron una tensión palpable, ha habido
un evidente acercamiento que ha eliminado la dificultad para el
diálogo y la participación mutua.
P.- ¿Quiénes serían, en
tu opinión, las personas claves en el entorno evangélico
de Latinoamérica?
R.- En Chile, sin duda, el obispo Francisco Navalón,
Presidente del COE. Navalón es pentecostal, y tiene una gran
trayectoria en el país. Sin duda es uno de los evangélicos
más reconocido, respetado y relevante. No sólo en
el seno de las iglesias evangélicas, sino en todo el país.
P.- ¿Y fuera de Chile?
R.- Israel Batista, Secretario general del CLAI
(Consejo Latinoamericano de Iglesias), Batista es un metodista cubano
que ha potenciado y logrado un encuentro entre las denominaciones
evangélicas más dispares. También René
Padilla y Samuel Escobar, como grandes pensadores internacionalmente
reconocidos, que no sólo han aportado una gran riqueza de
pensamiento, sino que han levantado muy alto el nombre de la Iglesia
evangélica latinoamericana. En el pasado ha sido también
muy importante el argentino José Miguez Bonino.
P.- ¿Cuál fue la postura de los
evangélicos chilenos ante la polémica creada en torno
a Pinochet?
R.- No existió una postura uniforme. Durante
su gobierno existió una relación de apoyo en un gran
sector evangélico, aunque con grupos importantes muy enfrentados
a sus violaciones de los derechos humanos, especialmente las iglesias
luteranas, presbiterianas y las pentecostales vinculadas al Consejo
Mundial de Iglesias (CMI). Los que lo apoyaron fue debido a que
Pinochet favoreció la igualdad entre todas las confesiones,
en mi opinión por motivos puramente coyunturales. No es casualidad
que el primer Te Deum evangélico chileno se celebrase bajo
su gobierno.
P.- ¿Y a partir de los 90?
R.- A partir de los 90, Pinochet dejó de
ser relevante en el seno de las iglesias evangélicas. En
todo caso, se puede decir que en su conjunto reflejaron la misma
respuesta del conjunto de la población, llamada de los "tres
tercios": apoyo, indiferencia y condena. Pero siempre sin posturas
excesivamente beligerantes en general.
P.- ¿Cuál es la relación
con la Iglesia católica chilena?
R.- Tiene una relación bastante buena en
lo que es política eclesiástica, especialmente con
las iglesias evangélicas que participan del CMI. Sin embargo
todo queda ahí, ya que en cada población depende del
talante personal de la autoridad católica local, a veces
con tensiones evidentes.
P.- ¿Cómo se ve a la España
evangélica desde Chile?
R.- Vemos una gran actividad y movimiento. También
nos parecen más radicales en su postura frente a la Iglesia
católico-romana, que por lo que conocemos se debe al contexto
más duro que existe acá, con un catolicismo tan ligado
a Trento. A veces viven situaciones más difíciles
que en América latina. Yambién me doy cuenta de que
hasta ahora existe poca fluidez de comunicación y relación,
Quizás sea responsabilidad de los medios de comunicación
evangélicos, como son SEPCH e ICPRESS, llegar a formar una
red hispanoamericana de comunicación evangélica que
rompa las cadenas que han impedido la falta de conocimiento y de
apoyo mutuo. Es un desafío que la era digital espero que
rompa.
© 2001 I+CP
|