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Adolescentes
consumidos por el consumismo

 


Forges en "El País"

ADOLESCENTES CONSUMIDOS POR EL CONSUMISMO
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‘Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad viagra professional. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento colchicine.’ (Eclesiastés 11:2-12:1)



Uno de los anuncios publicitarios que hemos visto en los últimos meses en las cadenas de Televisión en España es el que tiene como protagonista a un adolescente que, mediante la comunicación que le permite su teléfono móvil, cambia cada 10 minutos de plan a cuál más excitante: un peliculón, una fiesta, un ligue. Por contra, los padres aparecen representados en ese mismo anuncio como intransigentes y anticuados, sumidos en un mundo estrecho y decadente.

Ya sabíamos que cierto tipo de publicidad no es precisamente una escuela de moralidad, pues su fin primordial es ganar dinero sin reparar demasiado en los medios, pero el retrato que nos traza el anuncio de marras es todo un síntoma de la sociedad en la que vivimos, de su superficialidad y de sus mentiras.

Superficialidad al difundir la idea de que la adolescencia y la juventud constituyen el centro de la existencia, mientras que la etapa adulta es gris y vacía. Estos magos del marketing, mirando ¡claro está! por su propio bolsillo, fomentan la asociación entre adolescencia y consumo, y no un consumo cualquiera, sino uno desaforado y de vanguardia con los últimos artilugios que la tecnología permite obtener. Son las modernas varitas mágicas que con su sólo toque producen lo sensacional.

La mentira radica en que tras adular a los adolescentes como si fueran el eje del mundo y denigrar a sus mayores como estorbos, no se dice que, al final, serán éstos últimos los que tengan que hacerse cargo de las facturas de los caprichos de aquellos. De esta forma se escamotea la realidad mediante la manipulación de la verdad en mentes inmaduras.

¿Qué clase de generación futura estamos preparando con esos mensajes; qué tipo de cimientos estamos poniendo para la construcción del mañana? Me temo que como en la parábola que contara Jesús, estemos edificando sobre arena y cuando venga la inundación, y puede ser que no tarde en venir, los elementos desatados den con ímpetu contra aquella casa (léase sociedad), “y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:27).

En el texto de Eclesiastés arriba citado hay un equilibrio entre las demandas legítimas -alegría y expansión- de esa etapa de la vida, y la moderación que debe presidirlas, so pena de pagar caras las consecuencias. Dicha moderación proviene de la concienciación de que incluso los jóvenes son también responsables de lo que hacen y de ello habrán de dar cuentas en su momento. Es decir, que al revés que el mundo en el que vivimos, en el que se exime a los jóvenes de responsabilidades de todo tipo (en España se ha incrementado recientemente la edad de responsabilidad penal de los 16 a los 18 años) y se les rodea de un halo de protagonismo, la Biblia sí pone sobre sus conciencias la necesidad de ser precavidos y atender al consejo del Creador. Es más, la radiografía que la Palabra de Dios hace de esa etapa de la vida es la opuesta a la de nuestros publicistas: es vanidad.

¿Cómo es posible una diferencia tan opuesta entre ambos diagnósticos? La desavenencia proviene de que para estos últimos los adolescentes y jóvenes son medios de obtener dinero fácil, pero para el Autor de la vida son preciosos potenciales con valor eterno.

Tratar de inculcar el ascetismo a los jóvenes es injusto y erróneo, pero instruirlos en la irresponsabilidad y el placer inmediato es prepararlos para el matadero. Volvamos a la enseñanza del viejo, pero siempre nuevo, Libro.



© Wenceslao Calvo
© 2001 I+C Protestante